
Mi padre era un tipo inexpresivo conmigo. Siempre lo digo, desde que murió hace ya 10 años. Lo recuerdo yendo a trabajar o trabajando en casa. No tomaba alcohol ni tampoco fumaba. No practicó deportes ni seguía ningún equipo de fútbol. Le gustaba leer, eso sí. Todavía recuerdo con qué cuidado doblaba el diario para leerlo mejor. Creo que yo lo hago igual.
Lo ví por última vez un 25 de diciembre. Me encontré con él y mi madre en el Parque Urquiza. Ellos no sé en qué llegaron. Yo había llegado en mi bici y me senté en un banco a esperarlos. En su mirada percibí la muerte. Cinco días después moriría de un infarto.
Pobre viejo.

